Pianos become the teeth. Tormentas de verano.

Si existe algún día que recuerdas con una ferocidad palpable, es aquel en el que descubres la verdadera pasión por la música. Como todo amor, llega tímido y calmado, y va calando hondo en ti sin que te des cuenta, hasta que un día adviertes que no recuerdas tu vida anterior al grito desgañitado de Kyle Durfey.
No engañaré diciendo que soy capaz de evocar el tema exacto que salió de aquellos auriculares, pero sí recuerdo el golpe en el corazón que recibí. Un latigazo directo al alma proveniente de un Durfey desesperado por arrancar su tristeza mediante lamentos sordos, impetuosos y pasionales; un Durfey dispuesto a ahogar sus penas en lo que un día fue un amarillento cuaderno desgastado en alguna vieja cafetería canadiense. En ocasiones su voz se vuelve tan agresiva y dominante que eclipsa al resto del grupo.
La instrumentación se expone armónica pero desordenada, con riffs extravertidos capaces de llevarte a caminos de otra forma inalcanzables. La batería, aunque en ocasiones inadvertida toma protagonismo en temas como Liquid Courage, probablemente una de las canciones más desgarradoras del grupo, impregnada de una oscura aura donde se trata la pérdida de un ser querido. Es precisamente en esta temática, donde la música traspasa sus propias fronteras para tornarse poesía y describir un rencor y furia por parte de un Kyle devastado por la muerte de su propio padre. Pianos consigue que lo macabro se convierta en algo bello.

Cuando escuchas a Pianos Become the Teeth, no solo estás escuchando música. Estás percibiendo ese sentido de la urgencia y frenesí de los reveses de la vida. La cruda intensidad y la catarsis de la fragilidad de nuestra existencia. Pianos es mucho más que un grupo; es emoción, una conmoción directa al cerebro que logra trastocar tus sentidos sin que te des cuenta, cual relámpago furtivo en plena tormenta de verano. Es la razón para llorar de emoción y no de tristeza; es la forma de arreglar un mal día sabiendo que a miles de kilómetros de ti alguien es capaz de entenderte y ofrecerte una mano en forma de un emotivo lamento. Si bien es cierto que en su último trabajo se vuelven más tímidos, tampoco es de extrañar cuando analizas sus discos anteriores. Tanto Old Pride como The Lack Long After mantienen un compromiso emocional y físico extremos, con guitarras reverberantes y canciones que exceden los cinco minutos. En el primer disco nos encontramos incluso con un tema llamado Cripples Can’t Shiver, donde se muestra una grabación de la madre de Kyle describiendo los efectos debilitantes de la esclerosis múltiple en su marido, un momento de calma en una isla llena de gritos. Dichos efectos tienen consecuencias en el segundo álbum, donde el grupo acompaña al cantante en su duelo, mostrando que al fin y al cabo la música no es más que una forma para expulsar tus demonios interiores.

Sea como fuere, y si alguna vez logro poder verlos en directo, no solo lloraré sino que me acercaré a ellos y les robaré un abrazo para poder susurrarles mi más sincero: Gracias.

Anjana Alles González. 

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