Llaves. Parte 4. Pidiendo perdon por ser y existir.

– Creo que no me entiende doctor. Esa zorra se lo merece. Oh si, ella cree que no. Los jueces, tan absolutistas en su verdad, creen que no. La estúpida policía cree que no. Joder, tito Carl , estoy seguro que hasta un hombre de verdad como tu, cree que ella no se lo merece. Pero esa puta se lo merece, todo eso y más. – Las palabras sonaban atropelladas al salir de la boca de Henry Bowson, maltratador reincidente, quien tenía que ir una vez por semana a terapia para evitar entrar a prisión. – Pero no hay justicia en este mundo dejado de la mano de Dios. Así que aquí estoy, perdiendo un tiempo maravilloso. Ahora mismo podría estar trabajando, ¿sabe?. Podría estar haciendo algo útil por el puto mundo. Pero no. Esa zorra manipuladora ha conseguido convertirme en el malo de la película. Maldita hija de puta, debería haber acabado el trabajo cuando pude.

– No tienes trabajo, Henry. La condicional te obliga a presentarte a tres entrevistas quincenales, pero hasta ahora no has tenido ni el más mínimo éxito. – Contestó suavemente Carlston.

El discurso de siempre. Las palabras podrían haber estado escritas en un telepronter colocado frente el sillón de cuero, que el resultado habría sido el mismo.

Carlston había despertado esa misma mañana, con la camisa del pijama desgarrada, bajo su propia cama. Como si se tratara de un niño escondido de un monstruo imaginario, o invisible como mínimo. No tenia idea alguna de como había acabado en esa situación. Tenia un ligero y escurridizo recuerdo de que había llegado a despertarse en medio de la noche, pero por mucho que se esforzase no terminaba de cuadrar las piezas del puzzle que eran aquella imagen. Cesó en su intento mientras se cepillaba los dientes de forma apresurada, a la vez que se cerraba el cinturón alrededor del sorprendentemente caro pantalón de su traje.

Llegaba veinte minutos tarde, y eso era algo que para una mente ordenada y milimétrica como la suya resultaba insoportable. No había sido despertado por el chirriante sonido de campanas megalomanas que le hacían desperezarse cada mañana a la misma hora.

Al salir, arrastrándose de su propia cama como un soldado tras una trinchera, se había mojado las palmas de las manos. En algún momento de la ”velada” se había volcado el vaso de agua, dejando un pequeño lago de agua mineral sobre el suelo de la habitación.

– Normal que no tenga trabajo, tito Carl, esa cerda ha ido soltando mierdas sobre mi. Mierdas muy serias. Si lo sabré yo..-Su mirada se desvió hacia la ventana sobre sus cabezas. Un autentico resquicio de una tristeza pura y ensoñadora asomó tras su iris. – Nadie quiere contratar a un loco, y eso es lo que esa mujer ha hecho que todos crean que soy. Un loco..

 Henry colocó ambos puños sobre sus globos oculares, y los hizo girar, dando una imagen terriblemente infantil al conjunto. De golpe, parecía que había un niño de casi un metro noventa en la habitación.

– ¡¡¡NO SOY UN LOCO MALDITA SEA!!! – Vociferó Henry. Levantandose de su asiento, con las mejillas rojas y gotas de sudor en el gaznate.

Carlston no se inmutó frente al ataque de furia surgido en la sala. Tras tantos años trabajando en un frente tan pasional como la psicología, la sangre fría podría convertirse en hielo una vez que cruza el umbral de su oficina. En cambio, lo que hizo fue sonreír ligeramente y mantener la mirada ingenua tan teatral, y tan perfeccionada en su oficio.

– Parece que vamos mejorando.- Fue lo único que respondió.

La afirmación fue de una certeza absoluta. Y precisamente esa falta de duda hizo saltar una expresión de duda en el rostro de Henry. Una expresión fugaz, pero innegable.

Un silencio sepulcral llenó la habitación. Henry tenia una furiosa necesidad de que el doctor aclarara lo que acababa de decir. Carlston era perfectamente consciente de ello, y eso casi le hizo sonreír de nuevo. Lo que habría sido terrible para lo que intentaba conseguir, así que trató de tragarse la tímida ventana entre las comisuras de sus labios y guardó silencio.

– ¿Que mierdas ha dicho doctor? – La necesidad de conocimiento puede crear el deseo de enfrentamiento en aquellas mentes que, sin ayuda a modo de barandillas textuales, no son capaces de asimilar el aprendizaje. La voz sonó autoritaria y agresiva. Con un pequeño deje en la ultima silaba, dando a todo cierto sonido barriobajero.

– La has llamado mujer. No ha sido puta, ni zorra o perra, ni siquiera la has llamado cerda. – Carlston clavó la mirada en la otra persona de la habitación. Dios, cuantisimo deseaba sonreir – Cuando empieces a verla como un ser humano, y no como un animal multiforme. En ese preciso momento, quizas empezemos a estar más cerca de nuestro objetivo.

– ¿Y que objetivo es ese? – La mirada incredula, de ojos muy abiertos. –  Si se puede saber.

– Que admitas que aún amas a esa mujer. Que te duele que te haya abandonado, y que aún te duele mucho mas saber que ha sido por tu culpa. No te voy a llamar imbecil. No por que no lo piense, siquiera por que no lo desee. No lo hago por que no puedo. Simple y llanamente. Piensa en ello.

Henry, aún de pie en la sala, dió un paso lento y pesado al frente en direccion al lugar donde descansaba la mesa de color cahoba. Carlston imagino que este seria otro de los grandes clasicos del maltratador basico frente a la verdad de orejas de lobo. Probablemente lanzaria todos los papeles que descansaban sobre el tapiz, quizas alguno de los objetos tendria un breve y accidentado vuelo en direccion a las maravillosas tierras de ”reventado contra la pared”. Quizas habria amenazas, pero nunca pasarian de ello. Esos hombres tenian la sombra de la locura, pero no eran estupidos.. Al menos no tanto como para no comprender que estaban en la cuerda floja. Y que un mal paso significaba el vacio, y en ese momento el vacio era una carcel apestosa y humeda. La soledad. Todo aquello pasaba por la calmada mente del doctor, y precisamente por eso la sorpresa fue mayuscula cuando Henry comenzó a llorar desconsoladamente. Aquel rostro fustigado por la ira momentos atrás se contraia en un baile de pucheros y sonoras aspiraciones de nariz. De nuevo, la imagen de un niño de un metro noventa salió a escena.

Henry alzo la cabeza, mirando a los ojos a Carl.

-¿Por que fui tan idiota? ¿Tan estupido? – Henry se limpio las mucosidades de su cara con la manga de su camisa. – No entiendo por que no puedo controlar todo esto. Y la verdad es que la amo.

-La perdida es un trago muy amargo, pero necesario en ocasiones. La vida es una oportunidad tras otra y levantarse para luchar un dia mas es la unica forma que tenemos de tratarla.

-Salveme doctor.. – Su voz resultaba espesa, quizas era la primera vez en meses que era una voz sincera. Como un recien nacido hermoso y triste, salido del desgarrado vientre de una bestia.

-Puedo ayudarte, pero la salvacion es un camino solitario. Tienes que hacerlo tuyo, conocer cada paso que des. Y sobretodo ser consciente de que va a ser doloroso. – Carlston, al ver una tristeza aun más ferviente en el rostro de su paciente, añadió. – Pero cuando llegues a tu destino, todo esto tendrá el peso de una pluma. Y serás más fuerte de lo que jamás has sido, amigo mio.

La inesperada pasion de la conversacion lleno todo el lugar. Habia fuerza en todo aquello. Ya no era una terapia más. Habia sucedido un VPP. Aquellas eran las siglas que utilizaba para identificar el momento en que un paciente realmente empezaba a estar listo para cambiar su vida, y para que su trabajo tuviese sentido. Hasta entonces, todo lo que sucedia en aquella sala era mear sobre mojado. Eran aquellos momentos en los que recordaba por que su trabajo podia ser tan maravilloso. Cuando veia el valor de todo aquello.

Las miradas de ambos hombres se cruzaron en un silencio, intimo y lleno de a,mor. No un amor dulce y sosegado como el de los amantes. Si no unicamente como el amor y la pasion que enguye a dos seres humanos cuando sus caminos se cruzan. Y saben que ninguno de los dos sera la misma persona cuando todo acabe.

La aguda y juvenil voz de Beverly cortó el momento como un cuchillo de caza.

”Doctor Carlston. Le llaman por telefono”

La voz sonaba a traves del pequeño interfono que tenia colocado sobre la mesilla. Justo al lado de una foto donde se le podia ver sonriente junto al cadaver de un venado. A pesar de los dientes a simple vista y las curvas de la sonrisa en el rostro, aquel fue un momento triste. Terribles pesadillas agolpadas en su mente esperarian su turno durante los cinco meses que siguieron a aquel dia de caza. Aún guardaba esa fotografia sobre la mesa, elegantemente enmarcada en cristal, como recordatorio de su pecado. A veces a modo de un brutal ataque de enseñanza a si mismo, y otras como un sadomasoquista acto de castigo.

-Ahora mismo estoy en una sesion. Dile que llame mas tarde o deje un mensaje. – Respondió.

Su tono sonaba seco, rapido e irritado. Aquella histrionica voz del interfono habia destrozado el momento que llevaba esperando desde que Henry cruzo el umbral de su puerta por primera vez y adquirio el mote de ”Tito Carl”. Su paciente volvia a estar sentado en la butaca, con la mirada perdida en algun punto del techo y la rabia expuesta en los temblores de sus manos. Carlston miró con rabia tanto al interfono como a la fotografia.

Aquel dia de caza no habia sido idea suya. Su antiguo suegro, un republicano de pura cepa, dueño de una gran finca ganadera y ferviente amante de las armas, habia insistido en que pasaran un fin de semana de caza para unir lazos. Durante el primer dia Carlston ni siquiera tuvo oportunidad de disparar su arma. Cosa que le habia producido un gran alivio, y al caer la noche incluso llegó a creer que podria llegar al lunes sin asesinar a ningun animal, sentarse en la antigua oficina que por entonces tenia en Nueva Jersey y continuar ayudando a niños con problemas de conducta. Todo ello sin quedar como  un cobarde y sin que su suegro creyera que su hija estaba casado con un ”marica de gatillo debil”. Pero al mediodía del domingo, ese cabron estupido habia encontrado el rastro de un macho de gran tamaño. Los caprichos terribles y danzarines quisieron que fuera él quien acabará encontrandose de frente con el animal. Y a pesar de la pesadez de su dedo, la dureza del gatillo y los testiculos en el estomago, disparó. A pesar de la mirada humilde del animal, unida con la suya, hablando a su corazon y pidiendo perdon por ser y existir. Aún hay dias que podria perderse en la negrura de aquella mirada. Cuando la lluvia golpea su ventana y la soledad acaba por..

Sus pensamientos fueron de nuevo interrumpidos por el interfono.

”Ya lo he intento Doctor. Pero insisten que es de suma importancia. Creo que es la policía”

-Disculpame un segundo Henry. Ahora mismo vuelvo a estar contigo. Por favor, no dejes de pensar en lo que hemos hablado un segundo.

Pero Carlston sabia que, al menos ese dia, no volveria a sacar nada de aquel hombre. Su ojos perdidos en la nada y la forma en la que tenia agarradas las rodillas, con los nudillos blancos de la presion, le dejaban muy claro que hoy seria un dia perdido. Carl salió de su despacho en direccion a la centralita en la que trabajaba su secretaria y cogió el telefono.

-Doctor Carlston al habla. Por favor, espero que sea realmente importante. Por que quiero que sepa que ha interrumpido algo verdaderamente importante.

“Doctor Carlston. Se exige su presencia en la comisaria 234, esquina con Deschain, antes de las cinco de esta misma tarde. ¿Quiere que un coche patrulla le lleve al lugar o acudire usted por medios propios?”

-¿Se puede saber por que demonios tendria que hacer lo que me dice? – Su voz aún era áspera por la rabia que le suponia el paso atrás de Henry..

´´No creo que sea lo más adecuado tener que estar dando los detalles por telefono.”

– Si quiere que acuda a ese lugar, debe saber que quiero conocer los detalles del por qué. En caso contrario, ya puede traer un coche patrulla. O mejor traiga veinte, por que no pienso moverme de aquí.

” Es sobre su ex mujer. Necesitamos hacerle algunas preguntas en relacion a su persona”

-¿Que le ha sucedido a Steff? – Quiso poder hacer alguna pregunta más. Pero las paredes se habian apretado contra si de tal modo que apenas podia pasar el aire. Su mente quedó en blanco y su boca seca.

”Le repito Doctor, que no creo que esta sea la situacion ideal para..”

-¿QUE DEMONIOS LE HA SUCEDIDO A STEFF? – Habia sido mas una rotura de voz que un grito en si mismo. El estomago en tension, y la falta de oxigeno no le daban ocasion de nada más.

”Ha sido hallada muerta en su domicilio. Todavia no tenemos demasiados datos, pero al parecer fallecio durante la noche entre las tres de la madurgada y las..”

Carlston ya no era capaz de escuchar nada más. Todas las luces de su cabeza fueron apagadas de golpe y con rudeza. Soltó el auricular que golpeó la mesa de marmol provocando un ruido parecido al de una llave al internarse en una cerradura.

O eso creyó escuchar.

      ”  Forget my pain, forget my name

        I’ve told you time and time again

       That when you break down, I break down

       Forget directions or bad intentions

       I’m lost without your headlights

      And when you break down, I break down ”

                                    This Wild Life. Break Down.

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